"El Indio", Pedro Benavente, bailarín de Tango.

"Un laburante del arte"
tango
Fotografias: "PATO" Notaristefano

 

Por Mabel Limeres,
de la Redacción de la AvenidaSanTelmo
 

Cada domingo, cuando las campanas de la Iglesia de San Pedro Telmo anuncian las 10 de la mañana, la Feria de anticuarios le hace un lugar a la milonga y le ofrece al visitante la posibilidad de descubrir el alma del Tango, a través de un espectáculo de danza y narración oral. Es "EI Indio" Pedro Benavente, profesor y bailarín de tango quien, junto a Mariana Dragone, sostiene el ritual en la Plaza Dorrego.

El Indio sigue fiel a la herencia familiar de ponerse la camiseta y laburar. "Mi abuela decía que amaba a los hombres que se arremangaban las camisas - cuenta mientras muestra su camisa arremangada, debajo del saco -. Y yo soy un laburante del arte".

"Con mi compañera - explica El Indio - tratamos de cuidar esa estética antigua, rústica y, a veces, hasta sucia que tiene el tango en los pasos". Durante la presentación los artistas muestran en contraposición diferentes estilos: cómo se ve el tango en Europa y estilos canyengues muy pegados a la raíz negra, como el del gaucho orillero. También se interpreta la milonga antigua, el tango de salón, el tango de exhibición, en el que los milongueros hacen diferentes cortes y quebradas y el estilo valentino, más frío y estereotipado, para mostrar - según El Indio - lo que no se debe hacer.

Benavente eligió San Telmo hace ocho años, porque "el Sur mantiene la esencia de lo barrial y una herencia que es todo un desafío sostener". Tras una vasta experiencia profesional como bailarín de folklore, primero, y de tango, después, haciendo shows for export, sintió que con eso no era suficiente. "Me eduqué con maestros de la danza, que han hecho mucho por esta patria. Y sentía que algo había que hacer con lo aprendido, porque cuando ellos murieran todo iba a caer en el olvido", explica El Indio. Desde entonces se dedicó a profundizar aún más en la historia del tango, basta, compleja y contada con muchas contradicciones y trató de hacer una síntesis con los distintos estilos de baile, algunos tapados, otros casi olvidados.

De la historia del tango rescató anécdotas, leyendas y hasta curiosidades. Cuenta, por ejemplo, que cuando el hombre de campo, que usaba botas de potro, más bien abiertas, llegó a la zona orillera de la ciudad, cambió el vestuario. Entonces se puso traje y zapatos más ajustados. Con estos cambios el gaucho comenzó a caminar de lado y lento, tipo compadrito, pero no era de guapo, no. Era, según revela El Indio, para disimular el tremendo dolor que sentía metido adentro de esos zapatos estrechos. También recuerda que en el puerto, los compadres, que no laburaban, se quedaban en las esquinas a mirar. Y de ahí tomaban para el tango hasta la forma de caminar que tenían los estibadores, al cargar las bolsas pesadas en los hombros.

De su relación con los turistas El Indio extrajo algunas reflexiones: "La intención del espectáculo es dejar una puerta abierta para que la gente se sorprenda y siga buscando. En el intercambio que se da entre la gente y los artistas que ven el espectáculo, circula información desconocida, ampliada y corregida para ambas partes", destaca El Indio.

"Con tantos años de dictadura, el tango sufrió destrozos - recuerda El Indio -. Antes convocaba gente, era un lugar de disfrute popular, de encuentro social. Luego, para sobrevivir, la milonga se ciñó a los shows de las tanguerías, donde se mantuvieron algunos músicos, cantantes, y bailarines. No hay que olvidarse que las letras de tango estuvieron prohibidas y recién, después de diez años de democracia, cuando el tango fue bajando a la gente, fuimos rescatando artistas populares, letras, poetas. El tango recuperó su lugar entre nosotros y no tuvo que ver con una mirada hacia fuera, que nos proyectó el europeo, sino con una mirada hacia adentro, hacia la libertad".

 

- ¿Qué tipo de apoyo tiene tu iniciativa y el Tango en San Telmo?

- Para hacer obras culturales necesitamos voluntad política y no tanto dinero". Desde los comienzos, esta iniciativa cuenta con un único apoyo a nivel gubernamental y político, el del arquitecto José María Peña, director del Museo de la Ciudad de Buenos Aires y organizador de la Feria, allá por los años 70. "Gracias a él disponemos de un espacio de la Plaza Dorrego cada domingo y la gente, que es muy agradecida y colabora con el espectáculo, me permite vivir de mi trabajo. De todos modos el tango da para mucho más y necesita apoyo del Gobierno de la Ciudad. Hace un tiempo organicé una milonga popular en la Plaza y junté entre setecientas y mil personas. Lo hice por tres años consecutivos, pero un vecino se quejó y se suspendió el encuentro. No contamos con apoyo municipal para continuar. Me molesta tener que mendigar permiso para hacer cultura, no pasa por mí sino por lo que necesita la gente y con el bailongo que se armaba, quedaba claro que la gente necesitaba tango".

 

- ¿Si este encuentro de la gente con el tango no pasa por una moda, de qué se trata?

- En el tango hay mucho por decir, es una llama que no va a morir nunca. En esta época es una de las pocas culturas que mantiene su esencia, dentro de esta humanidad tan globalizada. Me animo a pensar que lo único que sobrevivió es el tango, la danza española y algunas danzas indias en Latinoamérica. Y si pensamos en un baile popular, al que la gente puede acceder y aprender fácilmente, diría que solamente el tango. El tango es una puerta abierta que hay que animarse a cruzar y para eso hay que comprometerse. Y otra cosa, hay un antes y un después del tango, luego nada es igual. Después de cruzar esa puerta, te conectás con las zonas más profundas de vos mismo y con los demás. Casi todos los que nos acercamos al tango tenemos una cuota de dolor fuerte en algún lugar y el tango nos hace transformar ese dolor en algo maravilloso. El tango es compromiso y no hay vuelta atrás.

 

TRAYECTORIA PROFESIONAL

Con 31 años recién cumplidos, Pedro Benavente, forjó una trayectoria intensa de trabajo con la danza. Nació en Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, el 28 de junio de 1967. De linaje familiar que incluye antepasados indios, andaluces e italianos, surgió su apodo actual, que, más que nada, hace referencia a sus rasgos. De chico pasó sin darse cuenta de bailar en las fiestas de cumpleaños a los ballets folklóricos. Luego pasó por el Ballet Brandsen, con Oscar Murillo y Mabel Pimentel. Después se fue un año a Canadá para perfeccionarse en Danza Contemporánea. Al volver ganó la Bienal de Arte Joven en Argentina, que tenía como miembros del jurado a Oscar Arais y a Ana María Stekelman, entre otros. Luego formó parte del Ballet Nacional folklórico, con el Chúcaro y Norma Viola hasta que tuvo la oportunidad de integrar un espectáculo con los rusos del Bolshoi, Ballet Clásico de Moscú. Después formó parte de un movimiento con un grupo de teatro para salvar el Café Los Angelitos, y repitió la experiencia con el Bolshoi pero en Buenos Aires. A fines del 80, le llegó su compromiso definitivo con el tango. Estudió con diferentes maestros, desde Juan Carlos Copes a Dinsel y maestros barriales como Teté. Hace un año y medio León Gieco lo invitó a participar de "De Ushuaia a La Quiaca", en Salta, Tucumán y el Sur. El Indio tenía a su cargo los cierres entre la primera y la segunda parte del espectáculo, en los que contaba lo que cuenta en la plaza cada domingo. Luego formó su propia compañía de tango y en la actualidad está gestando un proyecto, bajo su dirección, con artistas y productores de Estados Unidos para ocuparse del movimiento del tango joven en la Argentina.

Qué recomienda El Indio

En SAN TELMO:

El viejo mercado: "Es el primer lugar que recomiendo visitar. La anarquía que tiene San Telmo es buena para el turista. No tener todo armado, todo perfectito. Ahí se puede encontrar al vecino del barrio mezclado con el turista".

Para aprender y /o bailar tango: Parakultural (Perú 571), Claroscuro (restaurante Balcarce 971 los domingos 18:30, Hernán y Natalia). Sarajevo (Defensa 817, cuando está Garófalo) y Cochabamba 444, lunes y viernes con Gustavo Naveira.

Para comer: Desnivel (Defensa 855) o El Lezama (Brasil 358, frente al parque)

En el Sur, el Bar del Chino, en Pompeya: "un genuino espacio de tango con artistas populares. No da la dirección porque "lo mejor es investigar uno mismo dónde queda".

 

 

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