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La "Semana de Buenos Aires"
En noviembre, desde 1969, se festeja la "Semana de Buenos Aires", un acontecimiento a través del cual se intenta rescatar el espíritu de lo que fueron alguna vez las fiestas mayas, con la participación de los vecinos en distintas actividades típicas de la cultura porteña.
Pese a que "La Semana..." abarca a toda la ciudad, los festejos en los barrios de San Telmo y Montserrat son cosa seria: este año, y en coincidencia con su cumpleaños número 30, el Museo de la Ciudad - promotor y motor de la celebración - dispuso un programa que abarcó desde el tradicional concurso de disfraces que realizan los puesteros de la Feria de Antigüedades, hasta la entrega de premios a los comercios considerados "testimonios vivos de la memoria ciudadana".
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"La Semana está
pensada para que los vecinos festejen a su ciudad y se
eligió noviembre porque el día 11 se celebra al patrono
de Buenos Aires, San Martín de Tours", explicó a
AvenidaSanTelmo el director del Museo de la Ciudad, José
María Peña. Peña recuerda también que, en otras épocas, la celebración estaba acompañada por todo tipo de manifestaciones artísticas: había un carromato con títeres que se desplazaba de plaza en plaza, operetas en los parques, bailes y recitales. Este año, la celebración cobró nuevo impulso con un gran número de actividades entre las que se destacaron el tradicional concurso de disfraces del que participan los puesteros de la Feria de Antigüedades de San Pedro Telmo, que funciona en la Plaza Dorrego. La Feria participa de la celebración de manera especial, porque su origen se produjo, precisamente, para la "Semana de Buenos Aires" de 1970, cuando a instancias de una idea de Peña un grupo de vecinos se juntó a vender cosas viejas en la plaza. |
La competencia consiste en disfrazarse, una decisión que, sin embargo, toma cada puestero sin obligación, pero que en los últimos años comenzó a convertirse en un verdadero acontecimiento interno dentro de la Feria. Los premios van desde un puesto fijo por tres meses -una mención- o un año -premio mayor- en el mismo lugar. El Museo también instaló bandolas, antiguos puestos callejeros al estilo de los que existían alrededor de la Plaza de Mayo en el Siglo XIX, pero esta vez en la esquina de las calles Alsina y Defensa, en la plazoleta ubicada frente a la Iglesia de San Francisco. En el mismo un grupo de artesanos integrante de la Feria de las Artes expuso pinturas, dibujos, esculturas, y fotografías.
En forma paralela a la celebración de la "Semana...", el Museo de la Ciudad otorga anualmente un premio a negocios considerados "testimonios vivos de la memoria ciudadana". El reconocimiento es el fruto de un paciente trabajo de investigación que comandan los arquitectos del museos quienes todos los años recorren la ciudad durante varios meses en busca de posibles candidatos. El premio le será otorgado a un ganador todavía anónimo el próximo jueves 12.
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| Hasta hace 30 años, San
Telmo era un barrio marginal que sólo mantenía, como
expresión de su valor urbano, la arquitectura colonial y
de principios de siglo, en descuidados edificios,
deteriorados por el tiempo. En 1970, con la intención de
impulsar una recuperación del barrio, la por entonces
Municipalidad de Buenos Aires dispuso la creación de una
feria de objetos viejos en la Plaza Dorrego, una
tradicional plaza seca ubicada en el rectángulo formado
por las calles Defensa y Humberto I, con dos pequeños
pasajes. Al principio, tan sólo algunos particulares se
juntaron los domingos a vender antigüedades heredadas,
ropa de época, curiosidades y libros raros. Hoy, 28
años después, la Feria de San Pedro Telmo es uno de los
atractivos turísticos más importantes de la Ciudad,
promocionada internacionalmente, reúne unas ocho mil
personas por domingo y ofrece en sus 270 puestos de
antigüedades todo tipo de objetos, con el
acompañamiento de números artísticos, vendedores
ambulantes, cantantes de tango y estatuas vivientes. La Feria apuntaló la recuperación del barrio: los puestos crecieron, ocuparon los comercios de los alrededores y muchos de ellos se convirtieron en prestigiosos anticuarios de exclusiva mercadería, viejos caserones fueron reciclándose en restaurantes de categoría, y artistas de variedades comenzaron a presentar sus números en las calles al calor del movimiento de turistas y visitantes. En la actualidad, en la Feria pueden encontrarse desde curiosidades que formaron parte de la vida cotidiana del Buenos Aires pasado, como fonolas, libros, discos y revistas de colecciones agotadas, hasta valiosas antigüedades, ropa de época, mantillas y bordados. La Feria funciona todos los domingos desde las 10 hs. |
La Feria por dentro: una ceremonia que se repite todos los domingos. Los turistas, según los puesteros y la tradicional "Semana de Buenos Aires", que, en noviembre, estará acompañada por números y disfraces.

Temprano a la mañana, cada domingo desde hace 28 años, una curiosa ceremonia se repite en el escenario de la Plaza Dorrego: baúles, cajas, hierros, tablas, canastos, se superponen en un repiqueteo que asombra a los noctámbulos que alargan la noche con un café de última hora, y a los madrugadores que comienzan el día. A esa hora, la Feria de Antigüedades de San Pedro Telmo comienza a tomar forma, se construye sobre el adoquinado de la plaza y repite un ritual que se ha convertido en el corazón de un barrio que los domingos late de una manera especial.
Sin embargo, formar parte de la ceremonia no es sencillo. Tener uno de los 270 puestos de la Feria de San Telmo es difícil, casi exclusivo y sólo es una posibilidad que se les da a quienes cumplen con una serie de requisitos: se entra por riguroso sorteo a medida que van quedando los puesto libres y se debe disponer de mercadería anterior a los años 60', no se puede dejar el puesto, el titular tiene que estar siempre y sólo puede tener a un ayudante durante dos horas, son algunos de los compromisos que asumen los puesteros y que, afirman, se respetan a rajatabla. Además, cada tres meses se realiza un sorteo del lugar que ocupa cada puesto en la plaza. La organización está a cargo de una comisión de 16 delegados que se ocupan de la propaganda, la limpieza y del comportamiento de los puesteros, pero ellos reconocen que trabajar y formar parte de la Feria es motivo de orgullo y por eso resisten, imperturbables, el frío, el calor y la lluvia.

Los turistas, vistos desde adentro
La Feria recibe cerca de 10 mil visitantes por domingo, entre los cuales, un alto porcentaje está compuesto por turistas de todo el mundo. Con el correr de los años, los puesteros han logrado desarrollar una verdadera clasificación de turistas, según el perfil de sus compras: así, en vez de fijarse quiénes compran, los feriantes pueden establecer de dónde es un turista, sólo con ver qué compra. Los franceses, elegantes por naturaleza, prefieren la bijou o los vidrios; los brasileños, - alegres y llamativos - se inclinan por los metales y objetos de colores; los italianos, las joyas antiguas y, los españoles, fieles a su pasado, eligen los mantones, los abanicos y las pinturas, traídas al país por sus propios abuelos.
Otra clasificación, más tajante, divide a los visitantes entre "compradores" y "curiosos". Los primeros, suelen saber qué buscan: visitan la Feria por la mañana o por la tarde después de comparar precios y evaluar la compra. En el medio, los curiosos pasean durante la mañana y la tarde, aunque, al mediodía, paran para almorzar y se trasladan a algunos de los tantos restaurantes de los alrededores. A partir de las 16, llegan los porteños y, según se dice, preguntan mucho, pero compran poco.

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